S.O.S, ¿QUÉ HAGO?, ¡MI HIJO ES OBESO!

Desterrado el mito de que gordura es sinónimo de salud

Desterrado el mito de que gordura es sinónimo de salud

Antiguamente, se creía firmemente que la gordura en los niños era sinónimo de salud y que esa situación iba a cambiar conforme fueran creciendo, “con el desarrollo”.
Pero, lo peor de todo es que hoy en día no sólo existen personas que siguen pensando así, sino que algunos médicos aceptan esta premisa y no le prestan la debida atención e importancia a esta situación cuando la detectan.

“Para evitar la obesidad es conveniente que desde los primeros meses de la vida, los niños adquieran un buen hábito de alimentación. Es más, entre los 6 meses y 5 años, en cuanto a la alimentación, se marcarán pautas que regirán el resto de su vida”, afirma enfática la Nutricionista Milagros Agurto, Decana de la Facultad de Nutrición de la Universidad Científica del Sur.

Es importante fijarse no sólo en lo que come el pequeño, sino, cómo se lo presentamos, de manera que el plato sea atractivo. “Algunos papás creen que porque el bebe tiene 6 meses, no se aburre si le dan todos los días puré o determinado alimento. Se trata de un menor, pero es un ser humano con determinados gustos y en función a ello, también, hay que darle los alimentos”. Sentencia Milagros.

Obesidad significa literalmente “gordura en demasía” y se define como un incremento de peso 20 por ciento mayor al peso esperado para la talla. Pero, fundamentalmente, la obesidad es una enfermedad que si no es tratada a tiempo puede desencadenar otros males, e incluso, la muerte.

“Actualmente, como papá y mamá trabajan, suelen compensar con comida el tiempo que no están con sus hijos y por lo general, les dan alimentos con alta densidad calórica. A ello se suma el que normalmente se le da a los menores porciones de comida mayores a las que en realidad necesita y el hecho que los chicos no gastan tanta energía en actividades físicas ya que los video juegos y el tiempo frente al televisor se imponen hoy en día”. Señala la especialista.

Los principales responsables son los padres. De nada vale tratar de cambiar los hábitos alimenticios del hijo si ellos no lo hacen: los pequeños aprenden por imitación. Para que las cosas funcionen, el cambio debe comenzar por las cabezas, por quienes ejercen la autoridad.

“Hablar de dieta no significa lechuga y tomate siempre. Dieta es un estilo de alimentación que debe ser indicado por un profesional que está en la obligación de plantear un régimen coherente y con varias alternativas para que no se transforme en una tortura. Pero eso sí, los padres y todos en casa deben involucrarse para lograr el éxito”, indica la Doctora Agurto.

Otro detalle es no asociar la comida con emociones, sentimientos o determinadas actividades. Por ejemplo: no caer en el error de darle una galleta cada vez que el niño llora pidiendo algún tipo de atención o como cura cuando se hace alguna herida. La comida debe ocupar un lugar y momentos determinados.

Para tener en cuenta:

- En el 50% de los casos, la obesidad aparece antes de los dos años, el resto se observa en los periodos de mayor crecimiento, particularmente en la pubertad y adolescencia.

- En los niños, hay una manera práctica (aunque no exacta), para calcular el peso desde los dos hasta los cinco años de edad. Resulta de multiplicar la edad en años por dos más ocho (niño de tres años=3 x 2 + 8=14 kg.) Estos factores tienen que ser cuidadosamente comparados cuando se analiza la obesidad en los niños y adolescentes.

- La obesidad contribuye entre otras causas a incrementar la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, alteraciones esqueléticas, hipertensión arterial, hipercolesterolemia e inadaptación psicosocial entre las más importantes.

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