PADRE DE HOY
- 09.21.09
- Umbilical, barak, papa, papa de hoy, umbilical, valia
- No Comments
Me piden que escriba sobre ti. Que cuente cómo eres como papá y tengo tanto que contar que no sé por dónde comenzar.
Lo haré por el principio: te llamas Eduardo Chávez y tienes tiene 41 años, pero quienes te conocemos, te llamamos cariñosamente Yayo. Tienes dos hijos lindos y soy testigo de tu inmenso amor por ambos.
La primera vez que supiste que ibas a ser padre, te comprometiste de manera espontánea con todo lo relacionado al embarazo. Fluyó de manera natural.
Tenías por entonces 37 años y querías una mujercita. Dios te premió con una hermosa bebé que nació el 23 de setiembre del 2004 y tal como lo habías sabido siempre, le pusiste Fátima. Entraste a la sala de partos y fuiste el segundo, después del médico en cargar a la pequeña. Es más, venciendo los nervios y la mezcla de sentimientos de tan inigualable momento, ayudaste a cortar el cordón umbilical y aparentemente sereno, te diste tiempo para grabar cada detalle, cada expresión; todo lo que pasaba con Fátima y a su alrededor.
Tras tu separación y posterior divorcio, comenzó para ti un sufrimiento que no se lo deseas a nadie. Tu bebe tenía apenas cuatro meses de nacida y no te permitieron verla más.
Sé de tu sufrimiento y hoy, cuatro años y medio después, soy testigo de tu lucha y de esa tremenda paciencia que hace que te admire cada día más. Sé también que tu mejor regalo por el día del padre sería que la justicia se imponga y puedas ver nuevamente a Fátima.
Si supieran con cuánto amor le has ido comprando y juntando regalos, juegos, cuentos y cosas que aguardan por ella en esa habitación a la que entras y aunque disimules, te llena de nostalgia.
Y es que tú, mi querido Yayo eres un PAPÁ A CARTA CABAL. Mientras luchabas incansable por vencer cuanto obstáculo te ponían en ese incomprensible afán de impedirte ver a tu pequeña, nos dimos cuenta que aquella amistad de tantos años, se transformó en amor y decidimos compartir nuestra vida y avanzar uno al lado del otro en la misma dirección.
Recuerdo claramente tu expresión cuando te confirmé que estaba embarazada. Era uno de tus deseos y mío también, aunque yo no era tan consciente de ello.
Tu entusiasmo y felicidad te iluminaron el rostro de tal manera que sólo confirmé que realmente naciste para ser papá.
De inmediato compraste uno de esos aparatitos que permiten oir los latidos del bebe. “Loquito de la tecnología”, no tardaste en bajar de internet música especial y te sentí mucho más cerca, pendiente de mí, engriéndome más que de costumbre y al tanto del crecimiento de “mi panza”; hablándole al bebe para que se familiarice con tu voz y sepa que eres su papá. No faltaste a una sola de las ecografías y no puedes imaginar cuán importante ha sido tu presencia especialmente en esa etapa.
Venciendo tu timidez y el cansancio, fuiste conmigo a las clases de psico – profilaxis y sé que aguantabas la risa cada vez que me veías esforzándome para ejecutar los ejercicios.
Cuando fuimos para la que pensamos sería una consulta de rutina y la doctora me dijo: “te quedas internada”, lo tomaste con calma y me tranquilizó muchísimo que permanecieras conmigo todo el tiempo.
¿Te acuerdas cómo después de hacerse esperar tanto, nuestro bebé decidió venir al mundo tan de repente?. Todo fue tan rápido que temí que no te avisaran para que dejaras el trámite que hacías en el primer piso. Felizmente, llegaste a tiempo y fuiste la mano firme y compañera que me sostuvo y me dio la fuerza para seguir pujando y permitir que Daniel se encontrara con ese mundo que estamos redescubriendo a través de sus ojos.
Te he visto pasar las malas noches y hacer de todo para aliviar los cólicos que atormentaron al pequeño hasta los tres meses. Pusiste en práctica todos y cada uno de los consejos que leíste en los artículos por internet. Te he hecho notar tus ojeras porque sabes de malas noches, cambio de pañales y botada de chanchitos.
Bañar al bebe fue algo que hicimos juntos al comienzo porque nos daba mucho miedo, pero ahora tenemos la confianza y seguridad para hacerlo de manera individual.
Debo reconocer que has sabido lidiar, también con mis cambios hormonales pre y post parto.
Regresar a trabajar me dio penita porque Daniel tenía tres meses y ya me había acostumbrado a nuestra dinámica, pero me fui con la tranquilidad de saber que se quedaba contigo. Solos tú y él.
Hoy que nuestro pequeño ya tiene 10 meses, puedo afirmar que eres un experto preparándole la leche, dándole el biberón, entreteniéndolo y sobre todo, haciéndolo dormir. De hecho, cuando llega la noche, el bebe te busca para acurrucarse y sólo entonces, se deja llevar por Morfeo. Cuando eso pasa, veo cómo la emoción inunda tus ojos, orgulloso papá.
No ha sido fácil, pero tú sigues en pie (muchas veces con ojeras), pero contento y no sabes cómo te brilla el rostro con cada novedad de Daniel.
Adoras a tu hijo y sé que no ves las horas de reencontrarte con Fátima. Confío en Dios que eso ocurrirá muy pronto.
¿Sabes, mi querido Yayo?, a la luz del tiempo transcurrido y de todo lo vivido, sólo puedo afirmar una cosa: no pude elegir mejor padre que tú para mi hijo.


No Comments »
RSS feed for comments on this post. TrackBack URL