VIAJAR EN FAMILIA

Viajar en familia

Viajar en familia

Si algo recuerdo con especial cariño de mi niñez y adolescencia, son los viajes familiares.
Somos una familia numerosa y cada reunión – ya sea cumpleaños, Día de la Madre o del Padre o por lo que fuere, sirve siempre de pretexto para hablar de cuando fuimos a Ayacucho y mi mamá se la dio de “experta recolectora de tunas” y todos terminamos con espinas hasta dentro de la garganta. O cuando en Arequipa todos menos yo tomaron leche recién salidita de la vaca y poco después tuvieron la urgencia de un baño mientras esta servidora se lo pasaba sin ningún apuro.
Y ni qué decir de las veces en que bien cogidos de mi mamá (en ese entonces éramos cuatro hermanos) nos trepábamos al tren que al igual que hoy partía de Desamparados, pero dejaba la posibilidad de “subir al vuelo” para una vez dentro pagar los pasajes respectivos.
Es increíble cómo algo que podría tomarse como mera diversión, en realidad, sentó las bases de integración familiar que nos mantiene unidos a pesar de haber crecido, formado nuestras propias familias y del trabajo y los horarios que no nos permiten vernos con la frecuencia que quisiéramos.
“Cuando los padres ofrecen atención a sus hijos, aunque sea una pequeña cantidad de tiempo, éstos se sienten amados, queridos, y la posibilidad de sentir dolor, abandono o portarse mal disminuye”, afirma la Psicóloga Josefina González.
Estudios recientes establecieron que las personas recuerdan con más facilidad determinados hechos o circunstancias que le ocurrieron hace años, en lugar de lo que le pasó el día anterior, porque la memoria guarda con más facilidad los datos que tienen alguna carga afectiva o emocional que los detalles cotidianos.
“Es que mientras uno ríe, comparte y disfruta un paseo con la familia, va afianzando y fortaleciendo lazos que quedarán grabados en la memoria afectiva de cada una de las personas involucradas. Además, hay que tener en cuenta que cada uno de los miembros de la familia cubre algunas necesidades emocionales de los demás creando una interdependencia entre todos los miembros”. Afirma la Psicóloga.
El paseo se convierte en una experiencia integradora, enriquecedora; por eso es importante, también, ir con la mejor disposición, con las ganas de pasarla bien, con una actitud positiva.
“Si uno de los miembros de la familia, va al paseo a regañadientes, puede que termine por estropear una experiencia que debiera ser agradable. Hay personas que se dedican a ver sólo lo malo: que si hay bichos, que si el clima o la comida; que no hay un baño “decente”, que si la incomodidad aquí o allá. Lo mejor es tratar de integrar a esta persona, pero, si al final persiste en encontrar sólo lo malo, hay que dejarla con lo suyo y no permitir que esa actitud perjudique el buen ánimo de los demás”. Agrega la especialista.

Para tener en cuenta:

Es fundamental que los padres le hagan saber y sentir a sus hijos que valoran el tiempo que pasan junto a ellos tanto o más como el tiempo que pasan con amigos o en el trabajo o en otras obligaciones.

* Articulo publicado en la revista EVA

1 Comment »

  • JORGE says:

    Y lo importante no es el lugar.

    En familia hemos viajado varias veces, pero donde más nos hemos divertido e integrado como familia ha sido en los campamentos.

    Nuestras hijas tienen cada ocurrencia… ¿a quien habrán salido?

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